Buenas tardes (o debería decir noches más bien) tras un largo período de hinbernación pre y post-examenes, he vuelto a la carga (YUHUUU) Voy a comenzar a poneros el relato que escribí para un concurso del ayuntamiento de Santander pero que no gané, aún así me siento muy orgullosa de él y de que sea el más largo quee he escrito. Tras innumerables horas delante del ordenador, aquí está el resultado. ESPERO QUE OS GUSTE. :)
LA FLOR DE KALA
Corría,
corría, y corría pero no me quedaba sin aliento, saltaba cada piedra que me
encontraba, algunas de hasta 70 cm de diámetro, colocadas estratégicamente para
que no te diera tiempo a alzar la vista e impulsarte desde el último salto.
Corría, corría y corría hasta que vi el enorme muro colocado en mitad del
camino, dejando la arena de un lado y el agua del otro; el cual podía verse a
través de pequeños agujeros. Casi podía tocarla con la mano pero por más que
intentaba meter la mano por algún hueco, no entraba. Era como en los museos, no
puedes tocar las cosas, sabes su color y su forma pero nunca podrás saber si es
rugoso o suave, o si está caliente o frío. Nunca podrás sentir lo que tus ojos
ven pero tus manos no pueden catar.
Intenté
escalar ese muro, salir de la arena que quemaba mis pies pero cada paso que
daba crecía algo más el muro. Mis manos y mis pies estaban ya llenas de
arañazos, yo cansada y sudando del calor y el esfuerzo. Justo cuando iba a
bajarme, oí unos gritos de mujer a los lejos:
-Kala
-KALA
-¡¡KALA!!
¡¡DESPIERTA!!
A
duras penas conseguí abrir los ojos, a pesar del insistente zarandeo de Julia
no podía quitarme de la cabeza aquel sueño, ni podía dejar de pensar en ese
infinito y tan ansiado mar. Dejé que Julia me arrastrara al baño y hasta tuvo
que empujarme dentro de la ducha antes de marcharse de un portazo hacía la
cocina.
Cuando
salí del agua y me vestí estaba relajada, a pesar de estar en invierno no había
conseguido quitarme el calor del cuerpo que me había perseguido durante toda mi
vida. Pero hoy debía inaugurar la exposición en la galería de al lado del piso,
en Brixton y aún no sabía que iba a decir en mi discurso de agradecimiento.
-Podrías
leer un trozo del libro- respondió Julia a mi pregunta antes de que la dijera
en voz alta, leyéndome la mente había conseguido convertirse en mi mejor amiga
y en mi galerista.
-No
tengo intención de publicarlo, Julia, además no sería justo para el público ni
para mí misma- dije al mismo tiempo que llenaba una taza con café recién hecho
de “la Rata.
-Por
favor, no digas tonterías que es demasiado pronto- contestaba mientras limpiaba
los restos del croissant de su desayuno. -Además sabes que lo publicarás, es
genial y estupenndoo, humm espera -parecía que no se le daba bien comer y hablar
a la vez
-Da
igual, date prisa y vístete que vas a llegar tarde a tu propia
inauguración.-dijo al mismo tiempo que se despedía y salía por la puerta con su
segundo croissant en la boca.
Cuando
entré por la puerta de la galería ya había mucha gente; gente comiendo en las
mesas de buffet, gente persiguiendo a los únicos dos camareros que servían
copas, gente hablando y gente que se paseaba entre las fotografías sin decir
nada. Comencé a caminar entre las personas que observaban las imágenes con
caras de sorpresa, fascinación y hasta felicidad, de repente alguien dio unos
golpecitos a la parte superior de un micrófono y empezó a hablar casi gritando:
-Atención
a todos. Hoy es un día muy importante en la vida de todos nosotros, la primera
exposición de una gran mujer y su sueño cumplido tras muchos años de esfuerzo.
Quería ceder el turno de voz a Kala que nos va a ofrecer un fantástico discurso
de inauguración, un aplauso por favor- dijo Julia mientras levantaba la
delgadísima copa de champán que tenía en las manos.
Cuando
terminó de hablar Julia me dispuse a subirme al pequeño taburete colocado al
lado de la minúscula barra de bar, justo a al lado de la puerta de entrada y
salida de la galería. Intenté, sin éxito alguno, colocarme el pelo y estirarme
el entallado vestido negro pero mis manos temblaban tanto que no hubiera sido
capaz de sujetar una hoja con el discurso si la hubiera tenido. Me acerqué el
micrófono a la boca al mismo tiempo que pensaba el algo ingenioso que decir.
-Buenos
días a todos y gracias por venir. La verdad es que siendo sincera no había
pensado en nada que decir, muchas personas me dijeron que leyera un fragmento
de mi futuro libro o que explicara mi recorrido hasta llegar aquí pero la
verdad es que prefería hablar de corazón. Nunca se me dio demasiado bien
improvisar: me quedaba en blanco en todas las reuniones con representantes, ni
siquiera sabía que decir ante una grabadora o una cámara de televisión. Algunos
psicólogos podrán pensar que es miedo escénico provocado por una mala infancia
o timidez debida a las constantes regañinas de mis padres pero yo creo que
sinceramente muchas veces no sé qué decir, puede que no naciera con el don de
la palabra. Por esto mismo me dediqué a la fotografía. La gente puede borrar lo
que se escribe en una hoja, o quemar todos los libros para que nadie pueda
leerlos o simplemente pagar a alguien para que no escriban lo que tú no quieres
que se sepa pero una imagen no se puede hacer desaparecer. Podrán contar una
historia diferente a la realidad pero no podrán cambiar a las personas de sitio
cuando se están manifestando. No podrán mover los árboles ni las casas de una
fotografía. Por esto, por todo esto decidí que nadie podría nunca callarme si
contaba mi historia a través de imágenes tomadas directamente de la realidad,
nadie podría decirme nunca que eso no pasó o que me lo estoy inventando, por
ello hoy esto aquí, dando este discurso y contándole al mundo que hay muchas
formas de callar a alguien pero también de hablar.-dije.
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