jueves, 10 de julio de 2014

LA FLOR DE KALA (1º parte)

Buenas tardes (o debería decir noches más bien) tras un largo período de hinbernación pre y post-examenes, he vuelto a la carga (YUHUUU) Voy a comenzar a poneros el relato que escribí para un concurso del ayuntamiento de Santander pero que no gané, aún así me siento muy orgullosa de él y de que sea el más largo quee he escrito. Tras innumerables horas delante del ordenador, aquí está el resultado. ESPERO QUE OS GUSTE. :)


LA FLOR DE KALA 

Corría, corría, y corría pero no me quedaba sin aliento, saltaba cada piedra que me encontraba, algunas de hasta 70 cm de diámetro, colocadas estratégicamente para que no te diera tiempo a alzar la vista e impulsarte desde el último salto. Corría, corría y corría hasta que vi el enorme muro colocado en mitad del camino, dejando la arena de un lado y el agua del otro; el cual podía verse a través de pequeños agujeros. Casi podía tocarla con la mano pero por más que intentaba meter la mano por algún hueco, no entraba. Era como en los museos, no puedes tocar las cosas, sabes su color y su forma pero nunca podrás saber si es rugoso o suave, o si está caliente o frío. Nunca podrás sentir lo que tus ojos ven pero tus manos no pueden catar.
Intenté escalar ese muro, salir de la arena que quemaba mis pies pero cada paso que daba crecía algo más el muro. Mis manos y mis pies estaban ya llenas de arañazos, yo cansada y sudando del calor y el esfuerzo. Justo cuando iba a bajarme, oí unos gritos de mujer a los lejos:
-Kala
-KALA
-¡¡KALA!! ¡¡DESPIERTA!!



A duras penas conseguí abrir los ojos, a pesar del insistente zarandeo de Julia no podía quitarme de la cabeza aquel sueño, ni podía dejar de pensar en ese infinito y tan ansiado mar. Dejé que Julia me arrastrara al baño y hasta tuvo que empujarme dentro de la ducha antes de marcharse de un portazo hacía la cocina.
Cuando salí del agua y me vestí estaba relajada, a pesar de estar en invierno no había conseguido quitarme el calor del cuerpo que me había perseguido durante toda mi vida. Pero hoy debía inaugurar la exposición en la galería de al lado del piso, en Brixton y aún no sabía que iba a decir en mi discurso de agradecimiento.
-Podrías leer un trozo del libro- respondió Julia a mi pregunta antes de que la dijera en voz alta, leyéndome la mente había conseguido convertirse en mi mejor amiga y en mi galerista.
-No tengo intención de publicarlo, Julia, además no sería justo para el público ni para mí misma- dije al mismo tiempo que llenaba una taza con café recién hecho de “la Rata.


-Por favor, no digas tonterías que es demasiado pronto- contestaba mientras limpiaba los restos del croissant de su desayuno. -Además sabes que lo publicarás, es genial y estupenndoo, humm espera -parecía que no se le daba bien comer y hablar a la vez
-Da igual, date prisa y vístete que vas a llegar tarde a tu propia inauguración.-dijo al mismo tiempo que se despedía y salía por la puerta con su segundo croissant en la boca.
Cuando entré por la puerta de la galería ya había mucha gente; gente comiendo en las mesas de buffet, gente persiguiendo a los únicos dos camareros que servían copas, gente hablando y gente que se paseaba entre las fotografías sin decir nada. Comencé a caminar entre las personas que observaban las imágenes con caras de sorpresa, fascinación y hasta felicidad, de repente alguien dio unos golpecitos a la parte superior de un micrófono y empezó a hablar casi gritando:
-Atención a todos. Hoy es un día muy importante en la vida de todos nosotros, la primera exposición de una gran mujer y su sueño cumplido tras muchos años de esfuerzo. Quería ceder el turno de voz a Kala que nos va a ofrecer un fantástico discurso de inauguración, un aplauso por favor- dijo Julia mientras levantaba la delgadísima copa de champán que tenía en las manos.
Cuando terminó de hablar Julia me dispuse a subirme al pequeño taburete colocado al lado de la minúscula barra de bar, justo a al lado de la puerta de entrada y salida de la galería. Intenté, sin éxito alguno, colocarme el pelo y estirarme el entallado vestido negro pero mis manos temblaban tanto que no hubiera sido capaz de sujetar una hoja con el discurso si la hubiera tenido. Me acerqué el micrófono a la boca al mismo tiempo que pensaba el algo ingenioso que decir.
-Buenos días a todos y gracias por venir. La verdad es que siendo sincera no había pensado en nada que decir, muchas personas me dijeron que leyera un fragmento de mi futuro libro o que explicara mi recorrido hasta llegar aquí pero la verdad es que prefería hablar de corazón. Nunca se me dio demasiado bien improvisar: me quedaba en blanco en todas las reuniones con representantes, ni siquiera sabía que decir ante una grabadora o una cámara de televisión. Algunos psicólogos podrán pensar que es miedo escénico provocado por una mala infancia o timidez debida a las constantes regañinas de mis padres pero yo creo que sinceramente muchas veces no sé qué decir, puede que no naciera con el don de la palabra. Por esto mismo me dediqué a la fotografía. La gente puede borrar lo que se escribe en una hoja, o quemar todos los libros para que nadie pueda leerlos o simplemente pagar a alguien para que no escriban lo que tú no quieres que se sepa pero una imagen no se puede hacer desaparecer. Podrán contar una historia diferente a la realidad pero no podrán cambiar a las personas de sitio cuando se están manifestando. No podrán mover los árboles ni las casas de una fotografía. Por esto, por todo esto decidí que nadie podría nunca callarme si contaba mi historia a través de imágenes tomadas directamente de la realidad, nadie podría decirme nunca que eso no pasó o que me lo estoy inventando, por ello hoy esto aquí, dando este discurso y contándole al mundo que hay muchas formas de callar a alguien pero también de hablar.-dije.

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