lunes, 16 de septiembre de 2013

The Golden Rose (2)

Si, se podría decir que me enamore, nunca estuve muy seguro porque era la primera vez pero la presión en el pecho no me engañaba, era amor. Ese día mi padre me mandó a buscar agua y no volví a verla pero apareció cuando limpiaba las herramientas, delicada y suave al mismo tiempo me rozó la mano y suspiró profundamente antes de decir:
-¿Cual es el nombre de esos orificios rosas de ahí?-
Fueron las palabras más bellas que había escuchado nunca, también las únicas que me había dicho una chica exceptuando mi madre y mi hermana.
-Vanos, son vanos y están rosas por la luz que se filtra a través de ellos-
-¿Luz? Rosa no suele ser la luz, hasta ahora no la había visto de ese color-
-Algo que no has visto nunca no tiene porque ser imposible- Sorprendida giro la cabeza para mirarme directamente con sus grandes ojos verdes.
-¿Cómo sabrás si es posible si no lo ves?-
-Fe- sonrió levemente y se dio la vuelta caminando hacia la carreta estacionada a un par de metros. Volví a coger el escoplo y a seguir modelando los trifolios en la piedra.




-¿Cómo va el trabajo?- Preguntó de repente, yo no me lo esperaba y me sobresalté ligeramente en la silla.
-Bien-
-¿Te ocurre algo, querida? Te noto lejana-
-No, solo es que no me gusta estar en la ciudad, hay demasiada gente por todas partes y no estoy acostumbrada- Eso era verdad, desde que llegamos a Paris me quedo en la alcoba el día entero, leyendo o pintando.
-Si querida, demasiados pobres con las pezuñas largas- Casi lo gruño, en vez de decirlo-Mañana volveré al palacete para resolver unos asuntos, ¿no te importa no?-
-No te inquietes, saldré a buscar nuevos colores por el mercado- Me miró y supe que se estaba enfadando, aunque no sabía que había dicho mal está vez
-Intenta que sean puros, no como la última vez-

Se levanto y se marchó. Últimamente estaba resultando muy común que cenara sola en la antigua mesa de roble. 

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